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DEL VALLE A CHIHUAHUA. SANTIAGO ZARANDONA Y EL EXVOTO DE SANTA CASILDA

Por Kixmi & Rufo

Hacia 1977 uno de los autores de este blog llegó hasta la comarca burgalesa de La Bureba y encontró una sorpresa relacionada con nuestro pueblo en el santuario de Santa Casilda, de larga tradición para los fieles por las aguas de su pozo —al que se atribuyen propiedades curativas- y que en la actualidad cobija en sus muros un interesante museo dedicado a los numerosos exvotos que las personas han ido depositando para agradecer la intercesión de dicha Santa, a quien pedían por la sanación de sus dolencias. Entre estas ofrendas hay un óleo sobre lienzo de 1890 en el que un vecino de San Salvador del Valle llamado Santiago Zarandona retrataba el proceso de su enfermedad postrado en una habitación con detalles de gran realismo —aunque el pintor bien pudo haberlo recreado sin haber estado presente, solo a través de la narración de quien le hizo el encargo, o quizás si, ¿quien sabe?- y también, aunque esto no sea explícito en el cuadro, el milagro de su curación.

Exvoto de Santiago Zarandona para agradecer a Santa Casilda el haber sanado de su enfermedad en el que se le muestra postrado en una cama de su domicilio de San Salvador del Valle, como puede leerse en la leyenda del óleo. El cuadro enfatiza de un modo dramático el dolor que aflige al enfermo y la pena de todos los que le rodean (vía autores).

Estas pinturas votivas forman parte de una tradición que, aunque se pierde en la noche de los tiempos, se manifiesta de este modo entre los siglos XVIII y XIX y comparten una iconografía que presenta muchas similitudes, pero primero respondamos a la pregunta de qué es un exvoto:“objeto ofrecido a Dios, la Virgen o los santos como resultado de una promesa y de un favor recibido” (1), siempre teniendo en cuenta que el sentido de todo esto no solo es describir el hecho “milagroso”, sino hacerlo públicamente para que todos puedan verlo. Volviendo al caso que nos ocupa, la escena representada se desenvuelve en un ambiente de extrema religiosidad en el que no faltan cuadros de Santa Casilda y de la Virgen de la Dolorosa además de un sacerdote, lo que nos hace suponer una grave enfermedad. Pero lo más importante es que esta representación de una familia que vivía en nuestro pueblo tiene gran valor histórico, ya que visibiliza a gente anónima y nos permite recrear sus anhelos y vicisitudes a través de un relato que nos llevará hasta México; así pues, ¿quien era este hombre que tuvo que acudir a la Santa porque temía lo peor?

Abando, 1870. Imagen de los astilleros de la Vega del Chimbo en el paraje que sería conocido posteriormente como Campa de los Ingleses y donde se construiría entre 1992 y 1997 el museo Guggenheim. El matrimonio formado por Juan León Zarandona y Josefa Basabe se estableció en la anteiglesia de Abando atraído por la renovada pujanza de sus astilleros, que jalonaban toda la margen izquierda de la ría desde Zorrotza (https://especial.elcorreo.com/2017/fotos-ria-bilbao/astillero-ria-bilbao2.html).

José Santiago Zarandona Basabe había nacido en la anteiglesia de Abando, hoy Bilbao, en 1862 y fue bautizado en San Vicente Martir. Su padre, Juan León, era de Ispaster y su madre, Josefa, de Lekeitio. En 1882 consiguió la exención del servicio militar obligatorio, lo que era posible —sin entrar en picarescas: sustituciones fraudulentas, “sobornos a médicos, alcaldes, talladores, etc.” (2)- por tres vías: la redención en metálico, por medio de un sustituto, a quien también había que pagarle, y por último ser declarado “inútil” o justificando un estado de necesidad como pudiera ser una enfermedad o haberse convertido en cabeza de familia. Esta fue la causa de que nuestro joven abandotarra no fuese al ejército, ya que sus padres habían fallecido y tuvo que hacerse cargo del cuidado de sus hermanos más jóvenes, aunque el más pequeño, Juan José, sería enviado a casa de unos parientes en Ispaster, por lo que en Abando debieron quedar solo las chicas, María Ana y Remigia Rosario, si bien en la documentación consultada solo una de ellas vivía por entonces en el domicilio familiar (3).

Desembarco de tropas de Infantería de Marina en el puerto de Cavite en 1896. Con estas fuerzas creemos que llegó al archipiélago filipino el pequeño de los Zarandona, Juan José. El servicio militar era un verdadero drama para las familias humildes (https://foro.todoavante.es/viewtopic.php?f=234&t=5241).

La marcha de su hermano mayor Juan Miguel al servicio dos años antes les había dejado en situación muy precaria y estuvo precedida de un grave contratiempo, pues se debió a la deserción de un mozo llamado Luciano Eraña y, como el primogénito de los Zarandona era el siguiente en la lista, poco pudieron hacer más que reclamar a la familia del prófugo el pago de 2.000 pesetas (4). Aquella sucesión de desgracias que había comenzado con la muerte de la madre (1872) y del padre (1876) y culminaba con la partida de Juan Miguel supuso un duro revés para un clan de carpinteros de ribera que se había establecido en Bilbao para dedicarse a la construcción de embarcaciones de madera, oficio que había conocido un notorio repunte en las márgenes de la ría del Nervión “debido a la reactivación del comercio y el transporte marítimo […] y a la protección arancelaria del estado” (5).

El exvoto presenta todos los milagros que se atribuyen a la Santa. La Casilda yacente de arriba está inspirada en la imagen de su sepulcro, cuyo autor es Diego Siloé, y muestra el  momento en que oye la voz que le guiará a los lagos de La Bureba para sanarse, mientras que los pétalos de rosa que cubren la cama de Zarandona simbolizan los pedazos de pan que se convierten en rosas cuando su padre —Al-Mamún, rey de la Taifa de Toledo a mediados del siglo XI- le sorprendió llevando comida a los cautivos cristianos. También hay pétalos de rosa esparcidos por la alfombra (vía autores).

En una época en que aún estaban recientes la última guerra carlista y otros conflictos, ninguna familia quería arriesgarse a que sus hijos pudieran regresar “heridos, lisiados o muertos”, con la cuestión añadida de que en el País Vasco no había habido reclutamiento forzoso hasta después de que se promulgó la Constitución de 1876, por lo que la conscripción era algo totalmente novedoso que afectaba especialmente a las clases bajas y, por tanto, no pudo sino generar rechazo (6). Esta medida traería “consecuencias incalculables sobre la sociedad del siglo XIX”, que asistía a la pérdida de los hombres más jóvenes sin tener apenas capacidad de respuesta (7). En 1890 volvía a repetirse el drama en casa de los Zarandona cuando Juan José, el más pequeño, fue denunciado por una persona llamada Pedro Moreno por no haber sido incluido en el alistamiento, viéndose de nuevo en la tesitura de tener que justificar sus propias circunstancias personales ante las autoridades del municipio, lo que no evitaría que fuese procesado en primera instancia (8). Le esperaba el 1º Batallón del 2º Regimiento de Infantería de Marina y un largo periodo de sevicio activo en el que muy posiblemente fue enviado a Filipinas vía Cartagena, embarcando el 14 de septiembre de 1896 (9). Tras aquel conflicto librado en ultramar que comenzó con una insurrección en la isla de Luzón y terminó en una guerra con una potencia emergente como EEUU, Juan José fue definitivamente desmovilizado en 1900 con la graduación de sargento y regresó a Bilbao, estableciéndose en Olabeaga, donde vivía su hermano Juan Miguel. Poco después sería condecorado por su servicio con una Cruz de Distinción (10).

El exvoto también representa a dos de los hijos del matrimonio. De izquierda a derecha, Ysabel, de cuatro años, mira a su padre tendido en la cama apenas consciente del drama que le rodea, mientras que su hermana Máxima, de tres, parece distraida. No aparece el primogénito Luis, posiblemente fallecido, ni tampoco la más pequeña Rosbinda (vía autores).

La construcción naval sufrió un fortísimo descenso que la llevaría hasta su práctica desaparición en la década de 1880 (11). Era un periodo de profundos cambios socioeconómicos y cada cual se buscó la vida como buenamente pudo. Santiago tuvo que marchar de Abando y el 11 de junio de 1884 se casó en la iglesia de San Bartolomé de Alonsotegi con Felicia Fernández de Larrinoa, que era natural de aquella localidad. Allí nació su primer hijo (Luis, 1885) y poco después se establecieron en nuestro pueblo, seguramente a causa de las nuevas ocupaciones de él, pues aquí aparece como jornalero, situación que estaría asociada al auge que experimentó la minería vizcaína tras el final de la guerra carlista. Como señalan Ruzafa y García, por aquel entonces “las localidades de la zona minera alcanzaron las mayores tasas de crecimiento demográfico de su historia, por ejemplo el 17´35 % de San Salvador del Valle” (12). Aquí nacieron sus hijos Eloy (1885, fallecido al poco de nacer), Ysabel (1886), Máxima (1887), Rosbinda (1889), Vitorino (1890), Matilde (1892) y Soledad Concepción (1897). Las únicas excepciones de aquel periodo fueron el infortunado Florentino (1893-1894, no llegó a los seis meses de vida), que fue bautizado en Sestao, y Josefina (1900), que lo fue en Bilbao.

Completan la escena dos personas más: un sacerdote del que no sabemos el nombre y la esposa de Santiago, Felicia. Ambos transmiten honda preocupación, ya que oran fervorosamente, en el caso de ella con el rosario. Los párpados caídos o semicaídos denotan la inmensa tristeza que tienen todos los presentes en contraposición con el enfermo, que los tiene abiertos, con la serenidad de quien ha fiado su fortuna a la Santa debido a la fortaleza de sus creencias (vía autores).

No sabemos cual fue la enfermedad que aflijió a Santiago en 1890 hasta el punto de pedir la intercesión de la Santa ni tampoco quien fue el autor del óleo que ofreció como exvoto para cumplir con el favor de su curación, y bien que lo hemos intentado, pero no somos capaces de entender la firma, por lo que dejaremos abierto el tema a la colaboración de los lectores. El caso es que fue un encargo que tuvo que pagar de su bolsillo antes de partir hacia La Bureba para dejarlo en el santuario, donde afortunadamente se ha conservado hasta nuestros días entre otros muchos que reflejan la especial devoción que se tiene allí a la Santa toledana. Esta cuestión no es en absoluto baladí, ya que estas expresiones de fervor popular asociadas a la superstición fueron siendo despojadas de su valor y en muchos casos despreciadas en el ámbito eclesiástico a partir del siglo XX, cuando se procedió a la “eliminación de los elementos ajenos a la liturgia sensu estricto”, si bien en la actualidad están protegidas (13). Esto es lo que tiene de excepcional Santa Casilda, que a pesar de que su iglesia fue vaciada de exvotos, lejos de desaparecer, acabaron formando parte de un curiosísimo museo dentro del propio santuario que es visitable hoy en día (14).

Vista del santuario de Santa Casilda en una tarjeta postal. Está situado en lo alto de una peña que tuvo en la Edad Media un monasterio dedicado a San Vicente, donde vivió y murió la Santa. La primitiva ermita acabó convirtiéndose en la iglesia que acoge a su sepulcro. Entre los siglos XVI y XVIII se añadieron varias construcciones —incluyendo una hospedería- y se modificaron otras, lo que supuso una radical transformación que ha dotado a todo el conjunto de un enorme atractivo para todos los fieles que acuden a venerar a Casilda. Debajo del promontorio del santuario hay dos manantiales denominados lagos de San Vicente, donde la tradición dice que sanó la Santa: pozo blanco y pozo negro. Del primero se dice que favorece la fertilidad de las mujeres (vía autores).

La situación de la familia Zarandona no mejoraba, y quizás tuviese algo que ver en ello la enfermedad del padre, así que con el cambio de siglo decidieron marchar a México. Según los registros migratorios consultados (15), en 1900 Santiago, Felicia y sus hijos embarcaron para Veracruz, que fue la primera etapa de un largo viaje que les llevaría hasta el estado de Chihuahua, asentándose en Hidalgo del Parral, conocida por los lugareños como “la capital del mundo”. Fundada en 1631, fue capital de la Nueva Vizcaya durante la época colonial y tuvo siempre una destacada presencia de vascos (16), que llegaron atraídos por sus minas de plata. Esta ciudad del sur del estado, que había conocido las incursiones de los apaches durante las primeras décadas del siglo XIX, fue refugio de liberales durante la Guerra de Reforma (1858-1861) y tendría un creciente protagonismo en medio de un territorio yermo caracterizado por planicies desoladas. En 1867 se estableció la primera línea de diligencias que iba de Chihuahua a Durango pasando por Parral (17). Cuando llegaron los Zarandona en 1900 la ciudad vivía un extraordinario “auge minero propiciado por la renovación de los procesos de extracción de plata en la antigua mina de ‘La Prieta’  conocida también como ‘La Negrita’ […] (de la que llegarían a obtenerse) 1.500 toneladas de minerales puros al día” (18). Ello trajo la prosperidad al Parral, que vio como en su casco urbano se construían palacetes y mansiones que acogían a las familias más ricas. El 12 de abril de 1916 Pancho Villa fue perseguido hasta aquí por una expedición punitiva estadounidense que se encontró con la resistencia de los parralenses, que se avalanzaron sobre los soldados mientras gritaban “¡Viva Villa” y “¡Viva México!”, haciéndoles retroceder. Siete años después sería emboscado y asesinado en estas mismas calles.

Vista de Hidalgo del Parral hacia 1909. Esta ciudad de Chihuahua siempre estuvo asociada a la minería de la plata y sufrió años de conflictos con las tribus indígenas. No sería hasta finales del siglo XIX cuando su economía repuntó, un momento en que se conocía la explotación de 400 minas desde el comienzo de la época colonial (Fondo H. H. Miller. Instituto de Investigación Histórica Eduardo Guerra de Torreón, Coahuila). 

Los Zarandona reflejan perfectamente el drama del emigrante espoleado por la necesidad económica y, como hemos visto en el exvoto, también por la enfermedad. Una sociedad cambiante y la desaparición de los viejos oficios de Bizkaia en plena revolución industrial llevaron a este carpintero y a su familia hasta la Zona Minera. Posiblemente, al carecer de tierras con las que complementar el ingreso de un jornalero —la huerta y las vacas características de la zona baja de nuestro pueblo-, la situación derivó en desarraigo, y de hecho Santiago no aparece ni en los censos de San Salvador del Valle, por lo que se vieron forzados a emigrar a América con todo lo que ello comporta de inestabilidad, y más en aquella tierra fronteriza con EEUU, pero también de oportunidad. De hecho, ser un profesional cualificado y europeo ya era un valor en una sociedad clasista dominada por la burguesía incipiente de Hidalgo del Parral, donde nacieron sus hijos Fermín (1900), Florián (se desconoce fecha), Ismaela (1902) e Irene (1904). Así fue como los Zarandona prosperaron, emparentaron a través del matrimonio de sus hijas con familias de su misma posición o superior y casi todos se quedaron en el estado de Chihuahua. No fue el caso de sus hijos varones Vitorino, que marchó de casa a los 16 años y se instaló en la ciudad californiana de San Francisco (19), y Florián, que regresó a España y sufrió prisión en Valencia durante la Guerra Civil (20). Ninguno de los dos volvería al hogar de sus padres. Santiago, el enfermo desesperado que rogó a Santa Casilda por su curación, disfrutó de una larga vida y murió en 1935. Felicia le seguiría 13 años después.

Foto de familia de los Zarandona en Hidalgo del Parral hacia 1930. Fila de arriba, de pie, de izquierda a derecha, Ángela Iturriza Zarandona, Jaime De la Riva Zarandona y María Luisa Iturriza Zarandona. En medio, sentados, José De la Riva (esposo de Matilde), Matilde Zarandona, Felicia Fdez. de Larrinoa, Santiago Zarandona, Isabel Zarandona e Ismaela Zarandona, Abajo, Felicia De la Riva Zarandona, Alfonso De la Riva Zarandona, Guillermina De la Riva Zarandona y desconocida (albúm de Tomás Fernández Iturriza en https://www.geni.com/people/Tomas-Fernandez-I/5479233449450112560). 

NOTAS

(1) Salvador Rodríguez Becerra: “Formas de la Religiosidad popular. El exvoto: su valor histórico y etnográfico” en AA.VV. (2003). La religiosidad popular. Antropología e Historia. Barcelona: Anthropos. Tomo I. Pp. 123-142 citado en Marion Reder Gadow: “El exvoto: de la promesa a la materialización” en El Patrimonio Inmaterial de la Cutura Cristiana (Simposium, 2013) . Pp. 147-158. https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=4715079

(2) J. Fidel Molina Luque. Quintas y servicio militar: Aspectos sociológicos y antropológicos de la conscripción (Lleida 1878-1960).Tesis doctoral leída en la Universidad de Lleida en 2001. P. 16. https://www.tesisenred.net/bitstream/handle/10803/8197/jfmolina_pt1.pdf?sequence=39

(3) Sección Administración de Bizkaia, fondo Seguridad Pública, Guerras y Servicio Militar, AQ02354/231 (ADFB)

(4) Ibídem, 0034/014

(5) Jesús Mª Valdaliso: “La construcción de buques en Vizcaya en los siglos XIX y XX”. https://www.euskonews.eus/0073zbk/gaia7305es.html

(6) Armando Pérez y Tejada: “Como evitar la mili en la Arucas del siglo XIX y XX. La redención de la familia Marrero Domínguez” en Infonortedigital.com. https://www.infonortedigital.com/portada/gentes-e-historia/item/88088-como-evitar-la-mili-en-la-arucas-del-siglo-xix-y-xx-la-redencion-de-la-familia-marrero-dominguez

(7) J. Fidel Molina Luque. Opus cit. P. 6.

(8) Sección Administración de Bizkaia, fondo Seguridad Pública, Guerras y Servicio Militar, AQ02138/005 (ADFB).

(9) AA. VV. La insurrección filipina. 1898: el fin de un imperio. Crónica político-militar de la guerra en ultramar. http://www.eldesastredel98.com/rebelionfilipina/rebelionfilipina.html

(10) Archivo Municipal de Bilbao, Bilbao Cuarta 0478/081 y Bilbao Quinta 0112/071 (ADFB).

(11)  Jesús Mª Valdaliso. Opus cit.

(12) Rafael Ruzafa Ortega y Rocío García Abad: “La vida social en la zona minera vizcaína (siglos XIX-XX). Estado de la cuestión y algunas aportaciones” en Historia Contemporánea nº 36 (2008).  P. 88. https://ojs.ehu.eus/index.php/HC/article/download/3050/2676/10262. Sobre esta cuestión demográfica relacionada con el período de máxima extracción del hierro véase también Eneko Pérez Goikoetxea. (1995). Monografías de pueblos de Bizkaia. Valle de Trapaga y Ortuella. Bilbao: Bizkaiko Foru Aldundia. P. 202.

(13) Xabier Armendariz: “Exvotos y ofrendas marineras en el País Vasco: estado del estudio e inventariado de materiales votivos marítimos” en Itsas Memoria nº 6 (2009) P. 381. https://itsasmuseoa.eus/wp-content/uploads/pdf/ITSASMEMORIA_6.pdf.  El derecho canónico protege “los exvotos de arte popular y de piedad”, mientras que la ley de Patrimonio Histórico de 1985 hace lo propio en sus artículos 46 y 47 (Marion Reder Gadow. Opus cit. Pp. 148-149).

(14) Gerardo González: “Los exvotos dan fe de la devoción religiosa en La Bureba” en El Correo de Burgos. https://elcorreodeburgos.elmundo.es/articulo/provincia/exvotos-dan-fe-devocion-religiosa-bureba/20160213063000211646.html

(15) Movimientos Migratorios Iberoamericanos. Portal de Archivos Españoles (http://pares.mcu.es/MovimientosMigratorios/buscadorAvanzadoFilter.form).

(16) Antonio Rangel (15 de mayo de 2020) “La comunidad vascuense (en el siglo XIX) también se encontraba dignamente representada en Parral; Pedro de Esquircia, natural de Bilbao, comerciante, tenía dos hijos: Francisco y Agustín, casados con 2 hermanas: Inés y Aurora Villota, naturales de Somorrostro, Bilbao; la mayoría de sus empleados eran vascos: Juan Pablo Gorostiza, Juan Bilbao (apodado Hércules), su sobrino Manuel, Raúl Ituarte, etc.” [comentario enviado al grupo de Facebook “Genealogía Genética de Chihuahua”]. https://www.facebook.com/groups/GenealogiaChihuahua/posts/885097038570677/

(17) Ibídem.

(18) Colaboradores de WikiMéxico. Historia minera de Hidalgo del Parral. WikiMéxico. http://wikimexico.com/articulo/historia-minera-de-hidalgo-del-parral. Otra de las minas importantes fue “La Palmilla”, de la que se decía que era una de las minas de plata más ricas del mundo.

(19) Koldo San Sebastián. Basques in USA: Amerikanuak. http://basquesinwestern.blogspot.com/2012/03/z.html

(20) Fue detenido al comienzo de la Guerra Civil e ingresó en la prisión de Valencia y fue puesto en libertad a disposición del cónsul de México el 8 de octubre de 1936, aunque posteriormente sería encarcelado de nuevo y vuelto a liberar el 2 de agosto de 1938. Se desconoce el motivo, pero podía ser desafecto al Gobierno de la República (Archivo Histórico Nacional, FC-CAUSA GENERAL,1391, exptes 2 y 3). Falleció en Valencia en 1942.

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